CEMLA

"El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra;"
Lc 1,35a.


+Gabriel Orellana, Obispo
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EL SALVADOR, C.A.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

¡ESCUCHADLE!

Eucaristía de apertura de la XXII Asamblea de la UCLAF
Vitoria, ES-Brasil, 6 de agosto de 2012)

Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Ministro general, OFM

Queridos hermanos participantes en la XXII Asamblea de la UCLAF:
¡El Señor os dé la paz!

Con esta celebración eucarística, en la fiesta de la Transfiguración del Señor, iniciamos esta Asamblea de los Ministros provinciales de América Latina y del Caribe. Que ella sea un momento fuerte de encuentro fraterno y de reflexión. Que sea también una oportunidad para abrirnos a los otros en actitud de dar y recibir; una oportunidad para alargar nuestra tienda, la tienda de los límites marcados por nuestros provincialismos, por nuestros puntos de vista, y, a veces, también por nuestros intereses; una oportunidad para caminar y crecer juntos como Hermanos Menores y miembros de la Fraternidad universal. Este es mi deseo y por ello pido al Señor en esta celebración.

Esta Asamblea se celebra en un triple contexto: franciscano, eclesial y social. Dichos contextos, de un modo u otro, deben iluminar nuestras reflexiones y también los acuerdos que marcarán el camino de las entidades de América Latina.

El contexto franciscano inmediato está marcado por la clausura del VIII Centenario de la consagración de Santa Clara en la Porciúncula (1211-1212), y por la clausura del VIII Centenario de la Fundación de la Orden de las Hermanas Pobres. Ambos acontecimientos de gracia para cuantos formamos parte de la Familia Franciscana serán clausurados en el mundo entero el próximo día 11 de agosto, fiesta litúrgica de la Plantita de Francisco.

Clara no es solo importante para las Clarisas, sino que lo es también para nosotros, Hermanos Menores. Si Clara no se puede entender sin Francisco, ni Francisco sin Clara, tampoco nosotros podemos prescindir de Clara a la hora de re-crear y re-vitalizar nuestra Forma de Vida. Preguntémonos, pues: en estos momentos, ¿qué nos dice la Hermana Clara a nosotros Hermanos Menores?

Siento que la primera invitación que nos llega de Clara, con voz débil y fuerte a la vez, es: Conoce tu vocación (TestCl 4). Conocer es discernir, mediante el estudio y la reflexión, los elementos esenciales de nuestra vocación, de tal modo que nos centremos en ellos, y concentremos en ellos todos nuestros esfuerzos, en este momento en que la dispersión es ciertamente una tentación. Pero el conocimiento del que nos habla Clara no es meramente teórico. El estudio y la reflexión miran siempre a la asimilación y a la vivencia de dichos elementos esenciales. En definitiva: conocer implica amar la propia vocación, volver a lo esencial de nuestro carisma y esforzarnos constantemente por vivir conforme a la vocación a la que hemos sido llamados (cf. Ef 4, 1), de tal forma que la Forma de Vida que hemos abrazado permanezca siempre actual. Para ello, como hemos recordado en muchas ocasiones, se hace necesario re-visitar nuestra identidad, de tal forma que nos la reapropiemos constantemente.

Ello nos lleva a escuchar una segunda invitación de Clara: “Mantén fijos los ojos en los inicios (2CtaCl 11). El olvido parece ser uno de los pecados de nuestro tiempo, como lo fue del pueblo de Israel, de ahí la repetida invitación de los profetas a hacer memoria y a volver al primer amor. Ello es lo que precisamente comporta conocer la propia vocación: hacer diariamente memoria de nuestra llamada y responder con generosidad al don que hemos recibido.

La mirada fija en los inicios tiene un doble objetivo: conservar y actualizar la opción  vocacional, y la Forma de Vida. En sus Escritos, Clara se muestra profundamente preocupada por la posibilidad de perder el don recibido. He aquí algunas de sus exhortaciones que merecen ser atentamente escuchadas:
• “Lleva a término con empeño la obra que has iniciado” (5CtaCl 14).
• “No te hagan perder la cabeza los vanos fantasmas de este mundo” (5CtaCl 6).
• “Estemos atentos, por tanto, para que, si hemos entrado por el camino del Señor, de ningún modo nos apartemos jamás de él por nuestra culpa e ignorancia(TestCl 74).

Estas recomendaciones hacen eco de otras palabras de Francisco que muestran la misma preocupación y que hoy, dado que la fidelidad, también entre nosotros, no es la virtud de moda, son de gran actualidad:
• “Cumplid lo que prometisteis con propósito bueno y firme” (CtaO 10).
Clara, al mismo tiempo que nos hace una llamada a mantener la fidelidad a lo prometido, nos ofrece algunas indicaciones importantes para conseguir tal fin:
• “Apégate con todas las fibras del corazón a aquel cuyo amor enamora” (4CtaCl 11).
Mira, observa y contempla diariamente el espejo para adornarte con el vestido de sus virtudes (cf. 4CtaCl 15-16).

De los textos indicados aparece claro que al don de una vocación “más perfecta y mayor”, como es la nuestra (cf. TestCl 3), corresponde un “empeño”, un compromiso o “firme voluntad”, como lo expresamos en la fórmula de la profesión. La fidelidad es un don que comporta una responsabilidad, una gran responsabilidad, pues lo llevamos en vasijas de barro, como nos lo muestran la propia experiencia y los numerosos abandonos de la vida religiosa y sacerdotal.

Pero no basta conservar, en el caso de la Forma de Vida que hemos abrazado es necesario actualizarla y desarrollarla. Clara habla de “inicio”, lo cual quiere decir que tiene una continuación.

El Centenario que estamos para clausurar, como el Centenario de nuestra fundación, celebrado hace tan solo algunos años (2009), nos ha llevado a saborear la gracia de los orígenes. Toca ahora, en el día a día, hacer que esa gracia crezca y que esos inicios tengan una continuidad, de tal modo que, permaneciendo fieles a las exigencias de nuestro carisma, podamos dar, desde la fe y el Evangelio, respuestas adecuadas a los signos de los tiempos y de los lugares.

El contexto eclesial aparece marcado por dos acontecimientos particulares: El año de la fe que iniciará el próximo otoño y concluirá en el otoño del 2013, y la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los obispos que tendrá lugar el  próximo mes de octubre. El año de la fe nos invita a reflexionar y asimilar los contenidos de la fe, testimoniar y
celebrar la fe. Es esta una temática que nos toca de cerca como creyentes y como Hermanos Menores. En el campo de la fe nada se debe dar por supuesto. El riesgo de perder los elementos esenciales de la fe es real. La influencia del secularismo y del relativismo, reinantes en nuestra sociedad, hace cada vez más difícil la afirmación de la existencia de una verdad. Sin una atenta vigilancia y un renovado redescubrimiento de la belleza de creer, fácilmente podríamos ser ateos practicantes o también creyentes no practicantes, lo cual en ambos casos es sencillamente imposible. No basta un conocimiento teórico de los contenidos esenciales de la fe. Es necesario que dichos contenidos toquen la mente, el corazón y la vida. La fe debe implicar a toda la persona: lo que pensamos, somos, sentimos y hacemos. Pido que, siguiendo las indicaciones de la Iglesia, durante este año se preste particular atención a este tema pues de una fe proclamada, confesada y celebrada depende la vitalidad de nuestra vida y la fecundidad de nuestra misión.

Por su parte, esta Asamblea General Ordinaria del Sínodo tratará un tema de gran actualidad: la nueva evangelización. Teniendo presente que la nueva evangelización no es solo cuestión de nuevas estrategias, nuevos métodos y nuevos lenguajes, aunque todo ello sea necesario, sino de aumentar el testimonio, la nueva evangelización se presenta sobre todo como una cuestión espiritual, un desafío que implica una conversión personal y renovación profunda tanto de las personas como de las instituciones.

En este contexto nuestro compromiso a favor de la nueva evangelización pasa necesariamente por una revitalización de la vida y misión de tal modo que nuestra vida sea realmente significativa y podamos testigos convincentes de la fe en Jesucristo. Por otra, en nuestro caso la nueva evangelización está estrechamente relacionada con las nuevas presencias evangelizadoras. Es desde esas nuevas presencias desde donde podemos aportar mucho: nuestra gran experiencia evangelizadora, que nos hacen expertos de diálogo con las distintas culturas e, incluso, con las religiones; nuestra itinerancia y minoridad, que nos llevan a estar siempre cercanos a la gente, al lado de los más pobres y abandonados, en territorios de frontera y de liminariedad;  nuestra creatividad, por valorar las estructuras solo como medios y nunca como fines: y una adecuada reflexión teológica y pastoral, desde nuestro rico patrimonio filosófico, teológico y espiritual.

Finalmente, hemos de dejarnos interpelar por la situación social de crisis que afecta a muchos de nuestros países y a muchos de nuestros contemporáneos. Una crisis que se deja sentir fuertemente en la economía, pero que es mucho más profunda, pues toca el campo de los valores. Preguntémonos: ¿Qué consecuencias está teniendo en nuestro estilo de vida la crisis económica? ¿Cómo vivir en cuanto Hermanos Menores en esta situación de crisis? ¿No se nos estará pidiendo cambios importantes en nuestro estilo de vida? ¿Qué significa en estos momentos ser menores entre los menores de la tierra? Por otra parte la crisis es también, como ya dije, crisis de valores, como se puede ver en el relativismo, subjetivismo, secularismo, consumismo.... ¿En qué medida nos está afectando dicha crisis? ¿Cómo salvaguardar una propuesta alternativa de vida? Muchas son las preguntas que están pidiendo una respuesta que intuyo tiene mucho que ver con la radicalidad evangélica de nuestra vida.

Queridos hermanos: Hoy el Padre, como ayer a Pedro, Santiago y Juan, nos dice:
“¡Escuchadle!” Sea esta la actitud profunda que sostenga nuestros días de encuentro. Nuestra Sra de la Peña, bajo cuya mirada maternal se desarrolla este encuentro, nos guíe y acompañe en nuestros trabajos.

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